Thursday, July 20, 2017

SEMBRANDO SEMILLAS (parte 4)

Todos somos artistas. Algunos pintando paisajes; otros pintando casas. Unos cocinando platillos deliciosos en la cocina; otros cocinando soluciones químicas en el laboratorio. Éstos trazando la trayectoria exacta del balón para que llegue a la meta; aquellos trazando la trayectoria exacta del equipo de ventas para que llegue a la meta. Artistas todos.

Fuimos creados por el Creador. A Su imagen y conforme a Su semejanza. El gran Diseñador nos diseñó, dándonos a cada uno la capacidad de manifestar un aspecto de Su grandeza. Nos creó para que seamos como Él: artistas creativos. Estamos llenos de potencial.

Trágicamente, es muchísima la gente que nunca alcanza ni un atisbo del diseño de Dios para ellos, y se lleva todo el potencial a la tumba. Intacto. Habiendo vivido sin entender su propósito, uno no puede más que preguntarse si en realidad vivieron.

Pero otros sí descubren su dieño. Algunos lo encuentran tarde en la vida, después de muchos intentos y fracasos. Son pocos los afortunados que lo encuentran temprano. Pero sea tarde o sea temprano, lo importante es que lo encuentren. entendiendo esto: Que encontrar nuestro diseño creativo no es un evento, sino una expedición.

Esto más, tu diseño es tan único, y tan particular es tu propósito, que nadie más que Dios mismo puede revelártelo. Como un padre de familia repartiendo regalos a sus hijos, según la aptitud que ha visto en cada uno, así Dios Padre ha derramado una diversidad de operaciones entre todas sus criaturas. Nadie conoce mejor que Él con qué finalidad te dio lo que te dio, y cuál es el arte que espera de ti.

Hay gente que asume que mi propósito es ser un líder de alabanza, porque ven que escribo canciones y grabó CDs y dirijo la alabanza en mi iglesia local. A algunos les gusta usar una etiqueta más contemporánea: salmista. Pero ése no es mi propósito. Es parte de lo que hago, pero no es en sí mi propósito. De hecho, estoy rodeado de gente que hace eso tanto mejor que yo, que tarde o temprano acabarán remplazándome - si es que ése es el propósito con el cual el Padre los llamó. Y eso no me intimida en lo más mínimo, porque conozco el arte que el Padre está esperando de mí.

El pintor nació con la aptitud para la pintura, pero no nació pintando. Tuvo que aprender a tomar el crayón. A hacer garabatos. A hacer figuras. Colores y texturas. Luz y sombra. Composición y balance. Practicando, exponiendo, y retroalimentando; poco a poco, su cuerpo de arte comienza a tomar forma. Y seguirá incrementando - si es persistente - hasta el día que muera.

Gran parte de mi arte tiene que ver con propiciar una cultura de arte que glorifique al Señor. Crear un espacio - espiritual, social, y físico - donde otros hallen los agentes, los medios y los recursos para encontrar su propósito, identificar su diseño, y producir su arte. Todo para la gloria de Dios. Ésa era la motivación detrás de cantar nuestras alabanzas inéditas en la iglesia y grabar los CDs de Honda & Piedra. Detrás de las obras, los cortometrajes, y las presentaciones de fin de año en IPV. Detrás de Talents For The Lord y el proyecto JETRO. Parte fundamental de mi peregrinación en esta tierra es levantarle al Señor una generación de adoradores en espíritu y en verdad, que hagan lo que nosotros hacemos – pero mejor.

Cuando finalmente llegamos a producir el CD basado en el Cantar de los Cantares, lo hicimos en el formato de una obra musical. Es decir, la música fue compuesta, arreglada y producida de manera que pudiese llevarse al escenario - con actores, bailarines, orquesta en vivo, y demás. En mi mente, la historia de amor campesino recibe un tratamiento catracho, y se presenta como un ballet folklórico hondureño. Lo titulé Salgamos al Campo. Fue producido por Aldo, quien demostró una sensibilidad sinfónica que no le conocía. Para la portada, colaboré con mi hija, Hansi. Aunque era una niña apenás, había mostrado interés en el arte del collage, y era un medio que se prestaba para la sensibilidad artesanal que buscaba para redondear el concepto pastoril.

Con la intención de comenzar a formar a la siguiente generación - es decir, a los que vienen después de los jóvenes que ya estaban siendo entrenados - el siguiente año produjimos un CD con niños. No un disco para niños; no un disco infantil con cancioncitas tipo kinder. Sino canciones escritas completa o parcialmente por nuestros niños, o escritas para niños por sus madre o maestra bíblica. Entre otros compositores, grabamos canciones de Hansi e Ian Rodríguez (dos de mis hijos), Yahir Zelaya (hijo de Aldo), Benjamín Bardales (hijo de Pastor Remo), y Faddy Ramírez (hermano de Angie). Tomando prestada una línea del Salmo 8, lo titulé De la Boca de los Niños.

No sabía entonces que sería el último CD que grabaría como Honda & Piedra.

Todos aquellos niños crecerían a formar parte del futuro movimiento de adoración y de artes que saldría de IPV. Curiosamente, aunque el concepto de Salgamos al Campo ha estado siempre claro, a la fecha en que escribo esto, todavía no ha llegado el momento de llevarla al escenario. Creo que es como una semilla que fue sembrada, pero aún está esperando las condiciones idóneas para brotar. Quizás, está esperando que aquellos niños crezcan un poco más. Sólo un poquito más...

Thursday, July 13, 2017

SEMBRANDO SEMILLAS (parte 3)

Años atrás, en ocasiones distintas, conocí a dos líderes garífunas. A veces me parece que todavía no logro entender la profundidad de las conversaciones que tuvimos.

La primera se dio mientra estudiaba arquitectura en la capital. Como proyecto grupal en la clase de diseño, el catedrático nos había asignado rediseñar el parque central de Tegucigalpa. La etapa de investigación inicial requería que entrevistásemos a todos los grupos que podrían tener alguna inherencia en el diseño final - desde la asociación de lustrabotas hasta las oficinas de gobierno. Entre las tareas que nos distribuimos, a mí me correspondería entrevistar al presidente de la Organización de Desarrollo Étnico Comunitario (ODECO), Céleo Álvarez Casildo. Tan fácil fue la entrevista, y tan casual la conversación, que no me daba cuenta de cuán influyente era este hombre en su medio. Lo que claramente recuerdo es su lamento de que el garífuna había dejado de manufacturar, para dedicarse a vender achinerías. Su comprensión de lo que constituye una cultura era mucho más amplia y profunda que la mía.

Casi una década más tarde, MUNA sirvió de anfitrión para el seminario de sanidad interior que una iglesia americana trajo para pastores y líderes del norte de Honduras. Yo trabajaba en el departamento de Comunicaciones en esos días, y me tocó traducir el material de enseñanza, del inglés al español. Varios de los participantes eran garífunas, provenientes de Tela, La Ceiba, y los alrededores. El más anciano de ellos resultó ser un maestro que, junto con otros, estaba traduciendo la Biblia al garífuna. Ya tenían el Nuevo Testamento traducido e impreso, y estaban avanzando con el Antiguo. Hasta la fecha, es el único traductor bíblico que he conocido.

Estos dos hombres amban a su pueblo. Pero representan dos maneras muy diferentes de manifestar ese amor. El primero quería preservar las raíces de su cultura. El segundo prefería ofrecerlas a los pies de Cristo. No me corresponde a mí juzgar quién - si alguno - estaba en lo correcto. Pero quizás haya otra manera de entenderlo.

Después de cenar en Sangrelaya, entramos al templo, donde el culto ya había avanzado: oración, alabanza, ofrenda. El edificio era un simple rectángulo con paredes de madera, forradas sólo por fuera. El techo de lámina de zinc era soportado por tijeras simples de madera. No había cielo falso. Unos pocos focos colgaban de las tijeras, su potencial de iluminación restringido por la capacidad de la planta eléctrica. El auditorio estaba amueblado con toda suerte de bancas y sillas, ocupadas casi en pleno por los visitantes de comunidades cercanas que habían venido para el seminario, además de los fieles locales. Alguien nos abrió paso, habilitando lugares donde nos sentáramos a escuchar lo que restaba del mensaje.

Los músicos tomaron su lugar en el escenario mientras el predicador cerraba con una oración. Tras darnos formalmente la bienvenida, los hermanos comenzaron a entonar cantos al Señor. Ahora, cuando la iglesia garífuna canta, lo hace con el abandono de un coro pre-escolar. Es un canto que a veces parece grito, a veces arrullo. Pero todos, desde el más pequeño hasta el más grande, elevan su voz. Y todos, desde el más pequeño hasta el más grande, bailan. Con su leve vaivén de las caderas y de los hombros, hacen que parezca fácil. Pero es algo que los ladinos con dos pies derechos no podemos emular. Como testigo de la alabanza de aquella iglesia, tengo que admitir que era completamente cristiana, y a la vez completamente garífuna.

El resto de nuestra estadía en Sangrelaya fue igualmente emocionante, y una bendición de principio a fin - tanto para nosotros los misioneros, como para los hermanos garífunas. Desde ese viaje, quedamos conectados. En los años siguientes, nosotros haríamos más misiones a Sangrelaya, y ellos vendrían a participar en nuestros eventos especiales. (A veces, Pastor Timoteo traería hasta una docena de hermanos, amontonados en la paila del pick-up de Erasmo.)

Fue en una de tales visitas que Pastor Timoteo me preguntó si podía ayudarle a su equipo de alabanza a grabar su CD. Ya habían grabado un primer CD, pero él no había quedado muy complacido, pues el productor había hecho algo muy moderno, según su propio estilo, y no según el sonido propio de los hermanos garífuna. Cuando le presenté la opción de que Manuel se lo produjera, lo hice sin garantías o compromisos de mi parte. Después de todo, Manuel realmente había hecho sentir su estilo propio cuando nos produjo Jesucristo Es Rey.

Entonces comencé a notar algo más. Para Despega y La Era de Ornán, Manuel se había rehusado a co-producir canciones con el resto del equipo de producción. Había tomado unas cuantas canciones y las había producido de principio a fin. Al final, pues, no sonaban a Honda & Piedra, sino a Manuel Martínez. Y cualquiera que escuchara objetivamente tendría que aceptar que resaltaban con una mejor calidad de sonido. En breve, Manuel se estaba profesionalizando.

Esto vino de la mano con oportunidades de trabajar por pago, y Manuel las tomó. En muchos sentidos, era algo bueno. Pero como su pastor, me preocupaba. Nuestras conversaciones evidenciaban que él no estaba conforme con el nivel técnico de sus compañeros de ministerio de alabanza. Después de todo, él se esforzaba tanto. Y entendí por qué Manuel le había dado tantas largas a producir el CD basado en el Cantar de los Cantares.

En mi deseo de presentarle a Manuel una nota de cautela, escribí el guión para un cortometraje que él produciría para nuestra cena de fin de año. Esta cena es una ocasión especial en la cual aprovechamos a explorar nuevos talentos para el deleite de toda la familia IPV. El guión estaba basado en la historia de Sansón - el juez de Israel con fuerza sobrehumana que acaba arruinado cuando menosprecia el hecho de que su fuerza viene del Señor. En nuestra versión moderna, Sansón es un muchacho cristiano con enorme potencial musical que, seducido por Dalila y el prospecto de protagonismo, acaba tocando en un estanco.

Manuel produjo el cortometraje. Lo dirigió. Lo protagonizó. Lo editó. Lo musicalizó. Quedó todo muy bien hecho. Sin duda, todo lo que aprendió le sirvió después, cuando dejó el ministerio de alabanza y tomó algunos trabajos produciendo para el reality show de un canal de televisión nacional.

Friday, July 7, 2017

SEMBRANDO SEMILLAS (parte 2)

Nuestra relación con la comunidad garífuna se inició por una confusión divina. Obviamente, cuando el Señor está en el asunto, las confusiones no son accidentales, sino intencionales.

Era un día cualquiera cuando recibí una llamada del hermano Luis Vargas. Era amigo de mis papás de muchos años, y uno de sus enlaces ministeriales en La Ceiba. El hermano Luis había sido abordado por el presidente de la recién formada Asociación de Pastores Garífuna, el pastor Timoteo Norales. Él quería que alguien le impartiera a los pastores garífuna sobre el tema de guerra espiritual. El hermano Luis había remitido el mensaje a hermana Emma, pero ella le había sugerido que mejor hablara conmigo, porque yo "siempre había querido ir a la Moskitia". El hermano Luis me dio el número del pastor Timoteo y me dejó a la tarea.

Así que un día cualquiera me encontré organizando un seminario sobre un tema que no dominaba, con un pastor que no conocía, para ser impartido en un lugar que no era la Moskitia, a un grupo étnico acerca del cual sólo sabía lo poco que logré captarle a la profesora Edenia de Delgado en sus clases de Historia de Honduras (a las cuales, francamente, presté poca atención). Por si fuera poco, el lugar era remoto y la asociación no tenía presupuesto, así que nosotros tendríamos que cubrir no sólo nuestros gastos de traslado, sino además llevar víveres para nuestra alimentación y la de los convidados al seminario. Y combustible para el pipante.

MUNA siempre ha tenido un fuerte impulso misionero a las naciones, así que IPV recibió con gozo la noticia de que estábamos organizando una misión para servir a los pastores garífuna en la aldea de Sangrelaya, departamento de Colón. Todos los de corazón correcto eran candidatos para ir. Tras un tiempo de orar, presupuestar y gestionar, finalmente teníamos al equipo, el programa y material de enseñanza, los vehículos, los víveres, y las ganas. Muchas ganas.

Salimos temprano de La Lima, pasando por Tela y parando en La Ceiba para desayunar. De ahí nos hicimos a Tocoa, donde esperamos en el parque la llegada del pastor Timoteo. Para mi sorpresa, lo acompañaba Erasmo Arriola. Erasmo era también conocido de mis papás de años, y compañero de algunas labores ministeriales. Resulta que Erasmo vivía en Sangrelaya. Él y Timoteo eran el dúo dinámico de la comunidad cristiana garifuna en el norte de Honduras. (Al menos así llegué a verlos yo.)

De Tocoa continuamos hasta Bonito Oriental, donde se acabó la carretera pavimentada. De ahí en adelante viajamos por una tortuoso carretera de tierra, llena de hoyos por las recientes lluvias que nos obligaban a avanzar a veces a sólo diez kilómetros por hora. Las lluvias también habían llenado ciertos cruces, así que Erasmo nos guió a través de una densa selva de palma africana, por senderos improvisados y vados. Fue entonces que tuve una inquietud. Le pregunté al hermano Marvin, padre de Ana Raquel y mi copiloto en esta mision:
     - ¿Cuando nos toque regresar, te acordarás por dónde andamos?
     - ¡Para nada!
     - ¿Qué tanto sabemos de esta gente?
     - No mucho.
     - ¿Será así como comienzan esas tragedias que salen en primera plana del periódico?: Grupo de misioneros secuestrado en la jungla.

Gracias a Dios, pronto retomamos la carretera y llegamos a Iriona. Ahí dejamos los vehículos en el estacionamiento (entiéndase solar valdío) de un hotel (entiéndase hospedaje y bar), y abordamos el pipante. Un pipante es una canoa de madera, larga y angosta. El nuestro tenía adaptado un motor de lancha.

Abordé y me hice hacia la última fila, junto a una señora garífuna grande. Mi equipo misionero, todos campeños, gritaban nerviosos con el mecer del pipante cada vez que alguien abordaba. Mi vecina garífuna procuraba calmarlos con su voz grave: "Tranquilos. Si Jesús va en la barca, la barca no se hunde". (Esa frase se quedaría conmigo mucho tiempo, y años después sería la inspiración del coro de la canción Yupi.)

Era de noche ya cuando zarpamos. El pipante abrió su surco en la densa oscuridad. Tenía uno que ubicarse por el oído, más que por los ojos. Adelante: el bullicio asombrado de los misioneros, ahogado por el aire que cortábamos. Atrás: el ruido del motor. Debajo: las aguas de la laguna larga y estrecha que nos llevaría a Sangrelaya. A uno y otro lado, con dificultad lograba verse la silueta de los árboles que flanqueaban la laguna, pues no hay servicio público de electricidad en esta zona. Pero si uno miraba arriba, veía el cielo más estrellado jamás visto. Imponente. Majestuoso. Obra del Creador supremo.

Llegamos a Sangrelaya sin aviso. Sin luces que alumbraran el pequeño muelle, había que bajarse a tientas. Y bajar las maletas. Y las provisiones. Para luego seguir a un guía que era el único que tenía un foco de mano - aunque no lo mantenía prendido, sino que lo usaba sólo para mostrarnos algún obstáculo en el camino. Poco se imaginaba él que para estos extranjeros fuera de su elemento, el simple hecho de caminar por calles de arena en plena penumbra era ya un obstáculo en sí mismo.

Pastor Timoteo nos llevó hasta un complejo donde estaba el templo y algunas casas. Un generador brindaba electricidad, lo suficiente para la iluminación y el equipo de sonido. El culto ya había comenzado, pero quería que cenáramos antes de incorporarnos. Después de todo, habíamos salido de casa hacía doce horas.

Entramos a una casas, tenuemente iluminada por un bombillo. A mí me asignaron la cabecera de la mesa de comedor; Marvin se sentó a mi mano derecha. Los demás se sentaron donde pudieron. Cuando trajeron el primer plato de comida, se lo dieron a Marvin, pues estaba más cerca de la puerta. Pero cuando vio la pezuña de gallina, saliendo de entre el arroz y los frijoles, engarrotada como en el afiche de una película de terror, me lo cedió apresuradamente. No supuso que todos los platos tendrían el mismo menú y la misma presentación. De todos modos, le he enseñado a mi grey lo que Jesús asímismo nos enseñó: En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les pongan delante. (Lucas 10:8) Así que todos nos comimos toda la comida. O al menos eso fue lo que alcancé a ver.

Wednesday, June 28, 2017

SEMBRANDO SEMILLAS (parte 1)

No sé de donde me vino el deseo de comprar una marimba. Quizás fue la nostalgia de los ancianos. O talvez la noción de que tres jóvenes tecladistas podrían compartir la marimba de una manera que el teclado electrónico no permite. En cualquier caso, pronto descubrí que las marimbas no se compran en el almacen comercial del centro.

La marimba se le encarga a un artesano del pueblo de Colinas, departamento de Santa Bárbara. Se espera pacientemente a que obtenga la madera adecuada. Que la madera seque bien. Que el hombre haga la armazón. Que mida, corte, y ensamble los cajones. Que adapte los resonadores de cera con tripa de cerdo. Que haga el teclado y pase las cabuyas que lo fijarán a la armazón. Que haga los bolillos. Que haga la afinación inicial. Que mande aviso de que ya puede uno ir a traer la marimba.

Emprendimos el viaje con Abbie una mañana de sábado. Nuestro pick-up rojo hilbanaba los verdes bosques de Santa Bárbara, abrazando holgadamente las curvas de la carretera. A mis ojos de viajero no-oficial, esta es una de las rutas hondureñas más subestimadas.

Llegamos a Colinas sin novedad, ye encontramos prontamente la casa del artesano. Tras una breve demostración de la marimba, nos explicó que aflojaría las cabuyas para evitar que se reventaran en el camino. Al llegar a casa tendríamos que tensarlas y re-afinar el instrumento. Esta tarea debería hacerla alguien entendido en la materia, poco a poco. Si llegara a desvastar demasiado una tecla, la echaría a perder. Tras recibir su pago, nos ayudó a afianzar la marimba en la paila. Obsequiándonos unas tiras de tripa de cerdo de repuesto, nos despachó.

El retorno no fue tan placentero. El carro comenzó a calentar, y el mal se hizo peor por la obligación de ir despacio para proteger la marimba. Tras una cuesta cruel, tuvimos que detenernos a rellenar de agua el radiador. Seguimos lentamente hasta llegar a casa con nuestra marimba.

Mientras yo trataba de echar a andar la implementación del instrumento - consiguiendo que lo afinaran, animando a los tecladistas jóvenes, usándola en reuniones y eventos - dos cosas curiosas sucedieron.

Primero, algunos feligreses mayores sacaron a relucir que habían sido marimbistas en su juventud. Hicimos lo posible por incorporarlos, sumando además un acordeón y una caramba que el papá de Mari se aventuró a fabricarnos.

Segundo, Abbie mandó hacer unas faldas grandes, como se estila en la danza folklórica hondureña. Con esto, se gestionó para que un instructor de danza folklórica entrenara a un grupo de jóvenes de IPV, y montaron coreografías para algunas de nuestras canciones - las que más se adaptaban al estilo. Propiamente, las damas flameaban sus grandes faldas y los caballeros, pañuelo al cuello, saludaban con sus sombreros de junco. Entre una canción y otra, los chicos recitaban bombas: poesías campesinas que se gritan entre uno y otro danzor para efecto cómico.

Seguimos desarrollando el esquema folklórico, mejorando poco a poco. Hacíamos presentaciones especiales para eventos de IPV o MUNA, y aun en Sunshine. Eventualmente llamamos la atencion de los organizadores de la Confederación Iberoamricana de Comunicadores y Medios Masivos Cristianos (COICOM), y nos invitaron a presentar al grupo folklórico el año en que Honduras fue la sede de su evento internacional. Posteriormente, en el año 2017, el grupo folklórico fue uno de los equipos de danza que se presentaron en la apertura del evento multi-eclesial que MUNA organizó con el Dr. Morris Cerullo como predicador invitado. Y en el segundo semestre de ese mismo año, el grupo folklórico participó en la convención mundial de la Fraternidad Internacional de Hombres de Negocio del Evangelio Completo (FIHNEC).

Años tras año, los integrantes cambiaban. También los instructores, las canciones y las coreografías. Pero el fin ha seguido siempre igual: redimir un arte nacional para la gloria del Señor.

Sé que esa frase tiene muchas interpretaciones. Esta es la mía: Estoy convencido de que llegará un día en el cual las naciones de la tierra desfilarán delante del Rey y Señor de toda la creación. Será algo infinitamente más glorioso que la apertura de los juegos olímpicos. Más solemne que la asamblea general de las Naciones Unidas. Apocalipsis 15:4 dice: ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán. Otras escrituras bíblicas me llevan a entender que las naciones traeran sus tesoros delante del gran Rey. Las riquezas y los patrimonios de los pueblos serán puestos a sus pies.

Quiero creer que cuando le toque el turno a Honduras, presentaremos bananos y café, venados y corales, marimbas y carambas, danzas y bombas. (¡Y mucho más, por supuesto!)

Pero para que eso se dé, debe ser redimido. Agricultores y campesinos, biólogos y guias turísticos, artesanos y artistas, danzores y poetas... Todos tenemos que aprender a trabajar con con el prójimo en mente y Dios en el corazón.

Wednesday, June 21, 2017

EL ENTRENAMIENTO (parte 4)

Cuando hay mucho alboroto a nuestro alrededor, frecuentemente entramos en modalidad bombero - apagando incendios por doquier. Entonces sucede que atendemos los asuntos urgentes antes que los verdaderamente importantes. Es un error común. Corremos donde el bebé que está llorando por un pañal sucio antes que ir a pagar la renta.

Mari era una muchacha madura. La mayor parte del tiempo, había llevado una vida tranquila en un ambiente de iglesia. Aportaba mucho a la causa pública sin hacer mucas olas respecto a su vida privada. Tenía comunión personal con el Señor, oraba por sí sola, conocía las Escrituras, y servía fielmente. Mari era estable. Confiable. Como un buen motor que requiere muy poco mantenimiento.

Pero poco a poco, mientras nadie se daba cuenta, comenzó a hacerse muchas preguntas acerca de la vida cristiana que estaba llevando y el futuro que le esperaba. Vio los ciclos de las actividades de iglesia - semana a semana, año a año - y empezaron a parecerle rutinarias. Se infiltró el aburrimiento, y ya no disfrutaba el servicio en la alabanza de la iglesia. El aburrimiento se volvió hastío, y su fe comenzó a flaquear.

Para cuando volteé a ver, Mari era como aquella persona que, en medio de un grupo que se está ahogando, espera a que sean rescatados primero los que gritan ¡Auxilio!, aunque ella misma ya está tragando agua, a punto de perder el conocimiento.

No siempre es fácil sentarse a hablar con alguien como Mari. Simplemente porque tiene tantas virtudes, que no esperas encontrar fallas. Es más, no quisieras encontrarlas. Pero Mari me expuso todas sus quejas. Todas sus preguntas. Todo el desánimo. Sus ganas de no seguir. Francamente, era feo. La situación en la que estaba era fea. No se trataba de un bebé llorando porque tiene sucio el pañal. Era una verdadera sierva de Dios, teniendo una verdadera crisis de fe. Para cada una de mis respuestas, ella ya tenía diez argumentos para refutarla. Parecía claro que Mari no quería resolver su situación; sólo quería darse por vencida. La escuché tan hastiada, tan convencida, que temí por su alma.

Cuando ya no encontraba qué más hacer, pregunté: "¿Quieres buscar a Dios para salir de esa condición?". Mari, demasiado honesta como para simplemente decir lo que sabía que yo quisiera oir, pensó por un momento. Finalmente respondió: "Quiero querer". "Eso es más que suficiente para Dios", dije.

Entendiendo la necesidad de expresión que tiene todo artista, le pedí a Mari que escribiera una canción sobre lo que estaba atravesando. El resultado fue Derramo Mi Corazón - una franca y transparente pieza sobre las luchas internas de una adoradora bregando con una crisis de fe.

Después de eso, Mari tuvo que tomar muchas decisiones. No todo fue fácil, pero el amor del Señor prevaleció.

*   *   *   *   *

De alguna manera, Aldo logró que KFC lo trasladara momentáneamente a San Pedro Sula. Lo visité en el restaurante, y esta vez lo encontré más animado. Aldo se estaba quedando en casa de su madre, Mirlen, en La Lima. Aunque su familia seguía en La Ceiba, el plan era que se vendrían al terminar el período escolar. Aldo tenía ya una oferta de trabajo como supervisor de planta en la empresa de unos hermanos de MUNA.

En cuanto Aldo se trasladó definitivamente, lo convoqué a los ensayos de Honda & Piedra y para que apoyara en el equipo de sonido de la iglesia. Unos dos meses más tarde, se trasladó otra vez y vino a trabajar en Gosén, la cafetería de MUNA. Gina, siendo maestra, vendría también a trabajar para Sunshine, y el movimiento sería muy beneficioso para la educación de sus tres hijos.

De la noche a la mañana, Aldo vino a trabajar por las mañanas en Gosén  - como cajero, ayudante, supervisor de cocina, atendiendo proveedores y clientes, y más - y por las tardes en IPV - como músico.

Viendo que Manuel estaba cada vez más lejos de producirme el disco del Cantar de los Cantares, pensé que con Aldo sí lo lograría. Ése era el disco que yo quería hacer. Pero había otro disco que necesitaba hacerse antes.

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El capítulo 21 del primer libro de las crónicas de los reyes nos cuenta que "Satanás se levantó contra Israel e incitó a David a que hiciera un censo de Israel". Esto era serio porque los dirigentes de Israel sólo debían censar al pueblo por orden del Señor. De hacerlo por iniciativa propia, el rey se vería tentado a adjudicar su éxito a los números, particularmente al tamaño de su ejército, en vez de al Señor mismo.

El censo provocó la ira del Señor, quien hirió a Israel. A David le pesó en su corazón y reconoció su grave pecado ante el Señor. Gad, vidente del rey David, vino de parte de Dios, diciendo: “Tres cosas te propongo; escoge para ti una de ellas, y yo te la haré: tres años de hambre; o ser derrotado durante tres meses ante tus adversarios y que la espada de tus enemigos te alcance; o tres días la espada del Señor".

David, muy angustiado, respondió: "Por favor, caiga yo en mano del Señor, porque grande en extremo es su misericordia. Y no caiga yo en mano de los hombres".

Vino sobre Israel una epidemia que tomó las vidas de setenta mil hombres. El ángel del Señor estaba a punto de destruir Jerusalén cuando Dios le ordenó: "¡Basta ya! ¡Detén tu mano!". Y el ángel del Señor se detuvo junto a la era de Ornán el jebuseo.

Cuando el rey David vio al ángel del Señor, suspendido entre cielo y tierra, con su espada extendida sobre Jerusalén, se postró sobre su rostro, cubierto de cilicio. David imploró a Dios, y el ángel del Señor le envió inatrucciones por medio de Gad: David debía subir a la era de Ornán y levantar un altar al Señor.

David subió inmediatamente, y cuando llegó a la era, Ornán jebuseo salió a recibirle. David le dijo:
- Dame el lugar de la era para que edifique en él un altar al Señor. Dámelo por su justo precio, a fin de que cese la epidemia en el pueblo.
- Tómalo para ti, y haga mi señor el rey lo que le parezca bien. Mira, yo doy los bueyes para el holocausto, los trillos para leña y el trigo para la ofrenda vegetal. Todo lo doy.
Pero el rey David respondió a Ornán:
—No, sino que por su justo precio lo compraré; porque no tomaré para el Señor lo que es tuyo ni ofreceré un holocausto que no me cueste nada.

David compró la era de Ornán por su precio justo y levantó allí un altar al Señor. Ofreció holocaustos y sacrificios de paz, e invocó al Señor. El Señor respondió con fuego desde los cielos sobre el altar y ordenó al ángel guardar su espada.

Posteriormente, David destinaría este sitio - la era de Ornán - como el lugar para el Templo de Salomón.

*   *   *   *   *

Los integrantes de mi equipo de jóvenes se encontraban en medio de diversas pruebas. Algunos estaban a punto de darse por vencidos. Pero acordamos que servir al Señor era más importante que servirnos a nosotros mismos. Que nuestra carne necesitaba ser sacrificada sobre el altar del Señor. Que no le daríamos al Señor algo que no nos costara nada.

Expresamos ese sentimiento en una compilación de canciones que grabamos y presentanos bajo el título La Era de Ornán.

Thursday, June 15, 2017

EL ENTRENAMIENTO (parte 3)

Entonces, el Espíritu Santo comenzó a mostrarme algunas ciudades de Honduras. No las grandes ciudades. Más bien eran pueblos. Pero Él tenía su mirada puesta sobre ellos. Me dio instrucciones sobre algunas actividades espirituales que debían realizarse en ellos.

Quizás suena más impresionante de lo que realmente era. En realidad, el Espíritu Santo habla con nosotros todo el tiempo. (Y aún cuando no habla, su silencio dice enormidades.) Él simplemente me llevó a organizar a algunos miembros de nuestra congregación en equipos de cinco. Y a estos equipos se les dieron instrucciones de ir a determinado lugar en determinada fecha a levantar un altar de adoración en secreto.

No había publicidad. No había convocatoria. No había mayor logística. El equipo simplemente se preparaba en oración, iba al lugar a orar y adorar, y regresaba.

A veces, el Espíritu Santo nos ponía en contacto con un pastor local; a veces no. A veces alguien nos invitaba a comer; a veces no. A veces sentíamos la emoción de estar sirviendo al Dios vivo; a veces no.

No siempre entendíamos lo que estábamos haciendo, o por qué lo estábamos haciendo. Francamente, no creo que entenderlo haya sido la finalidad. Aún los altares no eran un fin en sí mismos. Eran sólo parte de un plan maestro acerca del cual el Señor sólo nos estaba mostrando una pequeña porción. ¿Demostraríamos ser dignos de su confianza?

Hicimos eso por un par de años, quizás. Y luego el Señor nos movió a algo distinto. Siempre relacionado, pero distinto: cultos públicos.

Durante ciertas fechas, llevamos la iglesia a las calles. Literalmente, si entendemos que la iglesia no es el edificio, sino la gente. Definíamos la fecha y el lugar - un parque, una bocacalle, una cancha - y solicitábamos los respectivos permisos. Se preparaban los diferentes tipos de servidores - alabanza, ujieres, evangelismo, ministración, logística - así como el predicador designado.

En la fecha señalada, IPV no se congregaba en el templo, sino en la calle. Adorábamos al Señor con música y danza. Se predicaba el Evangelio del Reino de Dios. Se oraba por las necesidades de las personas. Y para aquellos que estaban listos para rendirle sus vidas a Cristo, había una piscina detrás del escenario donde los bautizábamos de inmediato.

En cada culto público, vimos cómo Dios se movió; transformando corazones y bendiciendo a muchos más.

Para este tiempo comenzó a brillar Nelson.

*   *   *   *   *

Había llegado a MUNA desde muy pequeño, con sus papás y sus hermanas - Wendy y Josseline. Estudiaba en Sunshine. Había querido aprender a tocar batería, pero fue más fácil conseguir una guitarra. Dispuesto a formarse como guitarrista, recibió unas pocas clases con Manuel. Tenía talento; eso no era problema. El problema era otro.

Nelson le huía a estar frente a un público. El simple hecho de hablar ante un puñado gente lo ponía nervioso. El corazón se aceleraba. La respiración aumentaba. Incrementaba la presión por aparentar que todo estaba bien. El nerviosismo mismo le hacía más difícil hablar con claridad, lo cual lo volvía más consciente de que estaba delante de una audiencia, y eso lo ponía más nervioso aún.

Para una reunión de viernes simplemente le dije que ese día tocaría la guitarra acústica durante el tiempo de alabanza. Desde entonces es parte del equipo.

Pero su amistad con Jacobo fue algo especial. Los dos eran igual de introvertidos, y se entendían a cabalidad. Pasaban mucho tiempo juntos. Creo que hasta la fecha nadie realmente ha presenciado una verdadera conversación entre ellos - tan reservados son ambos. Sin embargo, nadie podrá dudar de la pureza de su amistad.

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Manuel comenzaba a inquietarse. Había avanzado tanto en su destreza musical y en su pericia como productor, que los proyectos de Honda & Piedra ya no eran un desafío. Le comisioné un disco mayormente acústico basado en el libro del Cantar de los cantares de Salomón. Su primer tarea tendría que ser sentarse a grabar demos de las muchas canciones que hermana Mirlen ya tenía basadas en dicho libro. Pero Manuel no lograba juntar el ánimo para iniciar.

Pensé que talvez podría ser falta de inspiración. Así que cuando el pastor garífuna Timoteo Norales vino pidiéndome si yo podía producirle un disco a su grupo de alabanza, se lo cedí a Manuel. Hablaron entre ellos y acordaron que Manuel viajaría a la costa para grabarlos durante algunos días. Una vez de regreso en casa, terminaría la producción.

Antes de que saliera, Pastora Abbie le dio una ofrenda para su viaje. Yo no sabía esto cuando Manuel llegó a despedirse y me hizo algunas preguntas extrañas sobre diezmos, primicias y ofrendas. Tristemente, cuando iba en el bus rumbo a la costa, le robaron el dinero.

Jacobo fue con él, y ambos eran conocidos por sólo comer la comida de sus madres. ¿Cómo sobrevivieron en la tierra del machuca, del pescado y del jiyú? No tengo la menor idea. Pero ni la dieta, ni el robo, ni las irregularidades de la electricidad, ni los mosquitos, pudieron sofocar su deleite entre los garífunas. Sin duda, Manuel regresó emocionado y conectado con la cultura garífuna. Rápidamente se puso a trabajar en el disco para ellos.

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Hermana Emma sabía de mi intención de hacer un disco basado en el Cantar de los Cantares, pero miraba que no había avance. Nunca dada a quedarse de brazos cruzados a ver el tiempo pasar, le encargó al departamento de Comunicaciones que nos grabaran durante reuniones, ensayos y demás. Produjo así el único disco extraoficial de Honda & Piedra: Cantares.

Thursday, June 8, 2017

EL ENTRENAMIENTO (parte 2)

Entre otras cosas, ese primer seminario sirvió para mostrarme que no sólo los ministros de alabanza necesitan ser entrenados en adoración. En la simpática película animada Ratatouille, una rata es inspirada a convertirse en cocinero por las palabras del célebre Chef Gusteau: "Cualquiera puede cocinar". Pues yo creo que cualquiera puede adorar. Y no sólo eso, sino que todos debemos adorar.

Pero hay que nadar contracorriente para lograrlo.

Si el sistema de este mundo pudiera salirse con la suya, sólo unos pocos privilegiados podrían adorar. Fabricando una escasez así, las masas no tendrían otra opción que aceptar todo lo que viniera de boca de los iluminados. ¿Alguien dijo Santa Inquisición?

Aunque estaba formando jóvenes ministros de alabanza, entendí que era necesario formar nuevos adoradores en mi iglesia local. Me refiero a que, aunque no todos en la congregación tengamos aptitud para el canto o la música, todos tenemos la posibilidad de ser adoradores. Pero necesitamos ser enseñados. Poco después del primer seminario Adoremos, lo impartimos nuevamente para IPV.

Poco tiempo después, el Pastor Edy Bonilla nos pidió que fuéramos a impartir Adoremos a su congregación en Yorito, Yoro. Marcaría la primera vez que saldría a impartir el seminario fuera de nuestro templo. Pero los adultos de Honda & Piedra ya estaban ocupados en otros menesteres, así que la mayor parte de mi equipo ministerial para la misión serían los chicos. Y me encontré con un dilema.

Una cosa es haber crecido en una iglesia profética - hablando en lenguas y viendo la operación de los dones del Espíritu Santo. Otra cosa es saber ministrar el bautismo en el Espíritu Santo. Los chicos tendrían que ministrar el don del Espíritu Santo por primera vez en sus vidas. Sólo esperaba que no les fuera tan terriblemente como mi primera vez.

Años atrás, Hermana Emma había recibido una invitación a ministrar sobre el Espíritu Santo a un grupo de jóvenes norteamericanos que andaría de retiro en Telamar. Ella no podía ir, pero los organizadores me aceptaron a mí en representación de ella. Manejé hasta Tela, llevando a Abbie y a Hansi - apenas una infante. El problema no fue el idioma. (Hablo inglés fluidamente.) No era la juventud de ellos. (Creo que sé llevarme bien con los jóvenes.) Tampoco el tema del Espíritu Santo. (Había tenido vivencias personales con Él.) El problema fue que tropecé citando un versículo que - aunque yo no lo sabía - tocaba un punto doctrinal fundamental. Los muchachos, siendo de trasfondo bautista, se sabían bien la Biblia y estaban bien establecidos en su doctrina. Se me avalancharon encima en una ola de apologética sincronizada. Me sentí atacado, entré en pánico, y me trabé. No pude compaginar mis pensamientos, hasta que - durante la hora de almuerzo - me metí a orar con Abbie. Durante la tarde, más o menos logré re-encaminar la conversación, pero regresé a casa insatisfecho. Sentí que había fracasado en mi primer asignación como ministro enviado.

Pero como todas las cosas ayudan para el bien de los que amamos al Señor, aquella experiencia me hizo más responsable en mi estudio bíblico. Me ayudó a ver la importancia de entender claramente los conceptos espirituales para poder impartirlos de manera sencilla y práctica. Nuestra ministración no necesita estar atiborrada de versículos, pero sí debe estar debidamente fundamentada.

Rumbo a Yorito, mi preocupación era que los chicos no estuvieran debidamente fundamentados para lo que se esperaba de ellos en la misión. Traté, a lo mejor de mi capacidad, de revisar sus fundamentos. Corrigiendo lo defectuoso. Aclarando dudas. Despertando en ellos un sentido de responsabilidad, sin perder de vista lo sencillo que realmente es ministrar si dependemos de la capacidad del Espíritu Santo y no de la nuestra.

Podría haber sido más fácil, de no ser por Hipo - la almohada de peluche morado con forma de hipopótamo que por años Ana Raquel llevaría en todos sus viajes misioneros. Hipo me miraba desde detrás del abrazo de Ana, recordándome que mis compañeros de misión eran casi unos niños todavía.

¡Pero los chicos fluyeron de maravilla! Fueron muy sensibles a la dirección del Espíritu Santo, y muy edificantes para la congregación del Pastor Edy. Fue la primera que recibimos una ofrenda por impartir Adoremos. Esta vez regresé a casa satisfecho, si bien más consciente de la importancia de fundamentar seriamente a los chicos que estaba formando. El contenido del seminario Adoremos tendría que ser revisado, re-evaluado y destilado una y otra vez.

Trabajaba en la primera de esas revisiones cuando el Pastor Remo Bardales me invitó a impartir Adoremos para los jóvenes de su grupo de alabanza en IPV de San Pedro Sula. En vista del nuevo contenido, decidí aprovechar para que los chicos de mi propio equipo recibieran el seminario también. Y aprovechando la confianza con los pastores Bardales, aun incluimos sesiones privadas donde los chicos pudieran confesar sus pecados y ser ministrados.

Wendy seguía luchando. No le permití tirar la toalla aquella vez que llamó llorando. Paso a paso, seguía en el proceso. Buscaba consuelo cada día más en el Señor que la levantaba para vida, en vez de la música depresiva que la hundía para muerte. Algunos días eran mejores que otros, pero avanzaba. Durante el entrenamiento, echó mano de la oportunidad de confesar pecados para recibir perdón y sanidad. Wendy lloró dos ríos y medio.

¡Cuán pesado lastre es la culpa! La nueva libertad del Señor le permitiría entrada libre a la presencia de Dios. A través de la adoración, podría conectarse con el Señor. Y en sus momentos a solas con el Señor, comenzaría a escribir canciones a Aquel al cual adoraba.
     En verano o en invierno
     Sea de noche o de día
     En salud o enfermedad
     En tristeza o alegría

Angie tenía 12 años apenas. Y aunque había escuchado antes muchos de los conceptos del seminario, ella recuerda esa versión del entrenamiento como una base importante para iniciar su ministerio en adoración. Dice haber aprendido ahí fundamentos básicos que aplica hasta hoy.

Principalmente, sus motivaciones para estar en el ministerio de alabanza quedaron expuestas. Su sueño infantil de ser una estrella admirada por todos seguía vivo. Ya no en el mundo, sino en la iglesia; pero era el mismo sueño, nacido de la misma vanagloria. Se dio cuenta de que estaba en el ministerio de alabanza para que las personas la vieran a ella, no al Señor. Inadvertidamente, para que la alabaran a ella, no al Señor. Ese día tuvo un atisbo de la verdadera adoración. Entendió que no se trata de nosotros, sino del Señor. Que adoración no es el bonito cantar de baladas lentas, sino una vida rendida completamente al Señor. Un corazón contrito y humillado, como un altar encendido por toda la eternidad.

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Buenos reportes del entrenamiento Adoremos llegaron hasta los pastores de otras iglesias hijas de MUNA - aun aquellas en otros países. Algunos nos preguntaban cuándo volveríamos a impartirlo, pues querían enviar a su gente de alabanza. Ya que aumentaran las solicitudes, hermana Emma nos animó a impartirlo para una audiencia internacional. Por supuesto, la invitación estaría abierta a gente local también. Aprovechando las aptitudes informáticas de los muchachos, comenzamos un sistema de registro en red que a futuro se convertiría en una útil base de datos.

Esto de compartir lo que Dios nos estaba dando con nuestros homólogos de otros lugares resultó ser una experiencia muy gratificante. No sólo por la satisfacción de servir a otros, sino por la sensación de pertenencia. Sentirse tan unido en el espíritu con alguien a quien uno realmente no conoce... ¡No tiene precio!

Sin embargo, no toda la tribu estaba cerca. Un día llevé a Abbie a La Ceiba, donde la habían invitado a predicar en un evento para damas. Ya que no podía estar en el evento, aproveché para ir a cenar a Kentucky Fried Chicken. No por el pollo frito, sino porque ahí estaría Aldo, trabajando el turno de noche. Lo vi cansado y frustrado. Sonriente al verme, sí, pero triste. Él y Gina tenían tres hijos ya, y digamos que estaban pasando tiempos de gran aprendizaje, con pruebas en todas las áreas de sus vidas. Con todo, no habían dejado de servir al Señor. Y el Señor no los había desamparado.